jueves, 30 de abril de 2015

Descubriendo a Hernández


Conforme bajaba de planta, una imagen diferente a gran tamaño acompañada de sus versos. Un esbozo, mínimo, de los momentos de su vida. Y de entre todas ellas, varias tenían Jaén como marco de fondo. Tanto nuestra ciudad como los campos de nuestra provincia.

   El edificio de la Casa del Libro en plena Gran Vía madrileña recordaba de esta forma a Miguel Hernández. No tenía prisa aquel día y me entretuve  con detenimiento en contemplar todas esas fotografías. Aquello me hizo cavilar y retroceder en mi memoria a los años en que nuestro profesor de Literatura en el colegio, Don Manuel Morales, nos hablaba de Miguel Hernández y su obra. Pero también de su paso por Jaén, reflexionando sobre lo desconocido que para los jiennenses era su figura, por no hablar de su producción literaria más allá de su poema “Aceituneros”.

  Con el tiempo y poco a poco, Jaén y los jiennenses se van a acercando a la figura de quien ha sido uno de los vecinos más ilustres de esta ciudad. O al menos eso vengo percibiendo. La “Jornadas Hernandianas” que días atrás se celebraron en el antiguo  Hospital de San Juan de Dios se hacían necesarias.  Y en ese sentido hay que valorar positivamente la apuesta de la Diputación Provincial por acercar hasta Jaén su legado, darlo a conocer y vincular más aún a Miguel Hernández con Jaén.  Haber musicado el poema “Aceituneros” para reconvertirlo en el himno provincial, sencillamente me parece un acierto.

 Porque francamente, párense a pensar la dimensión de aquellos versos en la voz de Paco Ibáñez primero, así como en el grupo “Jarcha” después. Más allá de los límites de nuestra provincia nos hace reconocibles y además recuerda que efectivamente también somos andaluces.

  Y si les soy sincero creo que aunque sólo estuviera en Jaén no más de tres meses, su huella debe perdurar aquí para siempre y hasta ahora su recuerdo en Jaén era más bien escaso. Sólo en la Librería Metrópolis encuentro un homenaje constante hacia él, por cierto con las mismas imágenes que ví hace unos años en la Casa del Libro de la Gran Vía.


  ¿No hubiera sido brillante haber bautizado un espacio escénico en Jaén  con su nombre? Digo yo…


Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

jueves, 23 de abril de 2015

Entre la ficción y el Tarajal


Allí donde se pone el límite y se traza la línea divisoria, real y contundente, que separa dos realidades que comparten un mismo territorio sobre el mapa. Con las primeras horas del día, cuando el ritmo frenético que marcan mis zapatillas de correr contrasta con el deambular casi imposible de las porteadoras, cargando sobre su espalda una mercancía aunque la vida en ello se les vaya a cambio de unos poquitos dírham.

  O de noche, cuando la luna se refleja sobre el mar expandiendo su luz hacia las casitas de los dos pueblos de Marruecos que se anteponen en mi vista, intuyendo por dónde cae el camino hacia Tetuán. Llego hasta la frontera del Tarajal, me detengo y durante segundos alzo la mirada hacia esa barriada multicolor, que parece emerger de la propia tierra. Como si me despidiera hasta la próxima vez, de un lugar que precisamente sólo conozco de refilón porque nunca he llegado hasta sus calles.

  Un mundo que a muchos de ustedes cada martes les puede parecer pura ficción. Imaginado y fantasioso, teniendo como escenario una ciudad sobre la que pesan mil suposiciones y etiquetas todas ellas negativas. Para mí, la mitad de mi identidad. Y por eso veo con los ojos de un  “caballa” cada secuencia de la serie “El Príncipe”.

  No sólo por continuamente tratar de reconocer lugares y rincones que me resultan cotidianos. También por dudar, cada vez más, si realmente el argumento de la serie favorece o no a una ciudad que desde la península tristemente es conocida por ser la puerta de entrada a Europa de la inmigración ilegal – con todo su drama encima- , parte de la ruta del narcotráfico del Estrecho de Gibraltar y un foco altísimo de reclutamiento para el yihadismo. Todo eso, sumado y bien mezclado, conforma un filón del que han sabido aprovecharse los guionistas de la serie y la audiencia le da la razón cada semana de forma contundente.


  Pero Ceuta no es sólo el barrio del Príncipe Alfonso. Es mucho más que todo eso, y trato de compartir con amigos la oportunidad de descubrir mi otra ciudad. Lo lamentable viene al comprobar cómo en algunos casos la ficción ha deformado su imagen, espantando y acomplejando a posibles turistas que ya de por sí no lo tienen fácil por el precio del billete que ofertan las navieras para cruzar el Estrecho.


Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

martes, 14 de abril de 2015

De lo mejor que he visto.


Dentro de mi particular forma de entender y vivir mi afción a los toros, visitar museos taurinos ocupa un lugar preferencial.
  Porque la curiosidad siempre me hace descubrir cosas nuevas y porque sé que seguramente me llevaré sorpresas.
  Desde que supe que Málaga acogería la Colección Juan Barco gracias a la iniciativa impulsada por su Diputación Provincial, he venido siguiendo con interés este tema y el pasado sábado tuve la oportunidad de escaparme a la Plaza del Siglo y visitar el Centro de Arte de Tauromaquia, que es así como se llama este nuevo espacio.
  Un acierto total, sin duda, la puesta en marcha de esta iniciativa taurina y cultural. A quienes somos aficionados nos ayuda a valorar más aún la fuerza vital de la Tauromaquia. A los amantes de la pintura y la escultura, sin duda un deleite. Y sobre todo, a quienes son absolutamente ajenos al mundo de los toros, tras visitar la Colección Juan Barco el hecho taurino no les dejará indiferentes.
  Cuadros históricos como el retrato de Zuloaga a Juan Belmonte, esculturas de Mariano Benlliure, la tauromaquia de Goya,..obras de Picasso - el malagueño más universal-, carteles curiosos, trajes históricos y muchas obras de arte con un significado especial cada una.
  Málaga ha ganado un espacio cultural diferente, que no dudo, recibirá muchísimas visitas y elogios a partes iguales. 

Foto: Diario Sur

jueves, 9 de abril de 2015

Señorío y pundonor


Fue en la Facultad de Derecho de la Universidad de Huelva. Allí me planté, después de un embarque en solitario, al reclamo de una iniciativa que aunaba mis estudios y mi afición bajo el nombre “Toros por Derecho” promovida por algunos estudiantes de mi misma edad y carrera.Y entre una conferencia y otra, en la cafetería después de comprarme un Bollicao al girarme me encontré de frente con “Espartaco”.

 No miento si aseguro que prácticamente la posibilidad de oírlo hablar en público fue lo que me empujó a atravesar Andalucía enlazando trenes y plantarme en Huelva. Cuando supo que era jiennense y había venido desde Jaén expresamente, comenzaron a florecer en él los recuerdos que a nuestra tierra le unen. Aquellos minutos en esa cafetería y posteriormente cuando emocionadamente rememoró a petición mía su histórica faena al toro “Facultades” de Manolo González en Sevilla, en el Aula Magna de la Facultad de Derecho, no los olvidaré nunca.

 Cuando otros soñaban con emular a Butragueño y su quinta pateando un balón de fútbol en el patio de Maristas, o con chapas de refrescos jugaban a carreras ciclistas porque estaba de moda el ciclismo gracias al éxito de Perico Delgado en el Tour de Francia, en el mismo recreo yo me apartaba y si alguno andaba por la labor me quitaba el abrigo – el frío no me importaba- y lo toreaba...como “Espartaco”.

 Era mi ídolo y aquel año de 1988 antes de partir hacia el Coso de La Alameda tuvo el detalle de atender a mi padre para que aquel niño que fuí pudiera conocer a quien tanto admiraba a su corta edad. Han pasado casi treinta años de aquel momento, y me sigue pareciendo ayer cuando recuerdo el brillo de las lentejuelas de su taleguilla malva y oro. ¿Cómo olvidar eso?

 Pocas veces me he emocionado tanto en una plaza como lo hice la vez que volvió a torear por San Lucas en Jaén junto a Juan Carlos García y “El Juli”, bajo una clásica tormenta de feria, en su regreso a los ruedos. Aquella tarde los jiennenses se volcaron con él de una forma como no lo he visto hacer nunca en nuestra plaza.

 La imagen del pasado domingo en la Maestranza, aupado a hombros por medio centenar de profesionales del toro, habla por sí sola. Ejemplo de sacrifico, pundonor, superación y dignidad. Un señor en los ruedos y un caballero en la vida.



 Cuando hace escasas semanas, casi a punto de iniciarse el paseíllo del festival del cáncer, con los caballos de los alguacilillos pisando ya las rayas del tercio, atendía respetuosamente mi rápida entrevista, yo cumplía un sueño que quizás cuando tenía cuatro años ni imaginaba. Sinceramente, no puedo esconder mi profunda admiración al Maestro “Espartaco”.


Publicado hoy en el Diario Viva Jaén