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lunes, 7 de noviembre de 2016

El Hípico



En su célebre Pregón de la reciente Feria de San Lucas, Alfonso Sánchez Herrera, en medio de su repaso a todas las señas de identidad, virtudes y bondades de nuestra Feria, quiso detenerse en la nostalgia hacia el otrora prestigioso Concurso de Saltos de Otoño y por extensión, al que fuera Campo Hípico “General Cuesta Monereo”.
Recordaba la categoría que aquella competición le aportaba a nuestra Feria, siendo uno de los grandes alicientes de la misma y bromeaba con la sencillez y facilidad con la que se salía a mitad de un festejo en la Plaza de Toros para a pie de pista, entregar distinciones a los jinetes y rápidamente volver a los tendidos de la Plaza de Jaén. Cruzando en un minuto el parque de la Alameda.
Días atrás, asistí al concierto de pasodobles de la Banda Municipal en dicho parque, y hace apenas unos días volví de nuevo por allí, simplemente a pasear.
Evoqué las palabras de Alfonso Sánchez Herrera en el Darymelia al asomarme y contemplar otro de los grandes desastres de nuestra ciudad, al ver el amasijo de hormigón y hierros a medio edificar, y en estado de abandono y dejadez, sepultando toda la historia ecuestre de nuestra ciudad.
Para mí, que fui uno de esos muchos niños que dieron clases de Hípica en las Escuelas Deportivas Municipales, ver aquello supone poco menos que pegarle un gran pellizco a muchos de mis recuerdos.
Ahora que se reclama para Jaén un Palacio de Deportes por aquello de tener en la élite del fútbol sala al Jaén Paraíso Interior, comparándonos con el resto de provincias andaluzas, haciéndonos sentir ciertamente inferiores, evoco nuestro Campo Hípico porque precisamente era envidia para quienes de fuera nos visitaban y eran aficionados al caballo en cualquiera de sus disciplinas.
De todo aquello sólo perdura una parte del amplio graderío. Las naves para cuadras y guadarnés, ya no existen. Sobre la pista hoy se erige ese armatoste grotesco que abochorna a cualquiera por lo que representa en sí y por lo que judicialmente ha significado posteriormente para el Ayuntamiento por una serie de despropósitos.
Ese aparcamiento a medio construir nos puede servir como punto de partida o viceversa de un itinerario imaginario hacia el absurdo en nuestra ciudad, que tiene en el punto extremo el Parque Acuático que no llegó a inaugurarse y entre medias las vías de un tranvía que no va a ninguna parte. Tres motivos para abochornarse.
Hoy por hoy, ni allí hay aparcamiento, el ambiente hípico que allí se respiraba se ha extinguido por completo y por si fuera poco, el incivismo de algunos ya se ha dejado notar a modo de grafitis en parte de La Alameda sólo un año después de su inauguración.



jueves, 20 de agosto de 2015

Cagancho. Leyenda del rejoneo



Quiero recordar que fue una televisada en directo por TVE desde la Plaza de Toros Campo Pequenho. Sí, una corrida de rejones televisada desde Portugal a través de la televisión pública española, por extraño que ahora pueda aparecer.

  En aquella nocturna lisboeta compartían cartel Fermín Bohórquez y Hermoso de Mendoza con los hermanos Ribeiro Telles. Una corrida hispano lusa con sus "cortesías" en el paseíllo, sus grupos de forçados y todo lo que tiene de distinto la tauromaquia portuguesa.

 Debo estar hablando probablemente del mes de julio de 1995. A Bohórquez ya lo había visto torear en la plaza en varias ocasiones, pero a mis escasos once años de entonces Pablo Hermoso de Mendoza me resultaba un absoluto desconocido más allá de sus fotos en la revista Aplausos.

  Llegó el turno del navarro y en un momento de su actuación hizo su entrada en el ruedo un caballo negro que llevaba por nombre el de aquel torero gitano que pegó un petardo clamoroso en la Plaza de Toros de Almagro: "Cagancho".  Las imágenes de ese caballo aquella noche, haciendo en la cara del toro movimientos imposibles, me impactaron.

 Tuve la suerte de ver a "Cagancho" varias veces: en Jaén, Andújar y Úbeda. No más. Era un caballo mágico, con unas condiciones y una personalidad que lo hacían sobresalir en los ruedos y levantar al público.

 Hoy conozco la triste noticia de su desaparición, y casualidades de la vida, justo un día antes me hacía - por fín- con la reciente autobiografía de Pablo Hermoso de Mendoza "El corazón de los caballos". Un libro que hoy, un día después de la muerte de "Cagancho", se me presenta entre idóneo y placentero para recordar a un caballo histórico en el rejoneo cuya historia tiene un origen curioso.

  Cierto es que hay yeguas y caballos que perduran en el recuerdo de los aficionados: "Espléndida" de D.Álvaro Domecq, "Cotufa" de Josechu Pérez de Mendoza o "Ferrolho" de Joao Moura, pero tan recordados como lo es y lo será "Cagancho" seguramente no. Un caballo indispensable para conocer el rejoneo actual, ya que revolucionó el arte de torear a caballo.

 Y cómo sería el caballo que en su retirada de los ruedos, en México llegó a aparecer en el estudio de los informativos de la principal televisión mexicana.

Sabemos lo mucho que ha conseguido Pablo Hermoso de Mendoza en el toreo a caballo, llegando a alcanzar la cima. Pero al rejoneador navarro lo recordaremos siempre por sus muletazos a caballo, sus quiebros imposibles y sobre todo sus galopes de costado a lomos de un caballo que él rescató de Portugal, por el que apostó fuertemente y con el que alcanzó la gloria en los ruedos. "Cagancho", un caballo legendario.

Foto: Diario de Navarra