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lunes, 26 de enero de 2015

Una fiesta sin complejos

A toro pasado, visto desde fuera, y también desde lejos. Lo que día atrás se vivió en La Puebla del Río- que yo no viví- me parece fabuloso a la vez que sorprendente.
  Crear de la nada una fiesta taurina llena de argumentos uniéndola a una festividad religiosa local. Adaptar una idea a las circunstancias del calendario, el urbanismo y las posibilidades. Hacerlo viable y que el pueblo decida si lo disfruta, lo ignora o aprueba el experimento y lo convierte en tradición a lo largo de los años.
  Visto lo visto, supongo que será esto último lo que suceda. Sacamos varias lecturas de todo esto: la trascendencia de la fiesta de los toros en un pueblo que ha dado una figura del toreo. La generosidad de éste hacía el pueblo que le vio nacer, su sensibilidad hacia los jóvenes valores del toreo cediendo las reses para facilitar la celebración del festejo y la apuesta sin complejos de un consistorio hacia la fiesta de los toros como signo de identidad de una población a la vez que motor económico y turístico.
  Precisamente la ausencia de complejos también fue clave para el éxito de esta iniciativa. No hubo problema en apostar por celebrar un encierro al modo pamplonés, tomando prestado algún que otro detalle pero imprimiendo siempre el carácter de sus gentes para que así se viviera como algo propio. Tauromaquia por y para el pueblo.
  Días así hacen mucho más por el mundo del toro que tantas acciones y estrategias que se quedan por el camino, anunciadas pomposamente como fomento de la fiesta y la afición cuando, a veces, eso es una excusa para que algún bolsillo se enriquezca a consta del aficionado.

 Corral improvisado para erales y cabestros en pleno casco urbano

 Recorrido del encierro
 Fiesta religiosa


 Un encierro de sevillanas maneras

 Morante: el mecenas de la Puebla

 Precios populares para una fiesta popular

 Portátil, pero abarrotada

 Las oportunidades hay que aprovecharlas y demostrarlas
Éxito artístico y ganadero. Éxito total


Fotos: Marían Guzmán

jueves, 22 de enero de 2015

Trashumantes



Días de camino atravesando sendas quebradas, expuestos a los caprichos de la naturaleza y rehuyendo las comodidades del transporte a motor. Sin temer al frío o la lluvia. Sorteando obstáculos, improvisando la hora del almuerzo a las exigencias del día que se tenga por delante.
 A pie o a caballo. La trashumancia sigue existiendo en nuestro Siglo y pervive gracias a quienes aún se resisten a abandonar una forma de vida tan ancestral y apegada a la tierra.
 Días atrás Canal Sur emitía un reportaje en su programa 75 Minutos que rescataba, no del olvido pero si del ostracismo de la sociedad, esta realidad. Precisamente ese reportaje me reconciliaba en parte con la televisión autonómica que siempre parece tener a Jaén en segundo, tercer o cuarto plano.
 Acentos cotidianos y parajes que frecuento, de la mano de una periodista jienense, Beatriz Díaz, que aferrada a esa verdad televisiva de “no es lo mismo contarlo que vivirlo”, recorrió las veredas y se hizo trashumante.
 Tiene Jaén un vínculo que le une a las provincias de Cuenca, Guadalajara y Teruel gracias a la trashumancia. Fueron muchos los ganaderos que vinieron de sus sierras a nuestra tierra buscando parajes más cálidos para el bienestar de sus reses. Muchos se quedaron para siempre y acabaron haciéndose jienenses al formar sus familias aquí.
 La huella de estos ganaderos trashumantes se extiende por toda nuestra Sierra Morena, desde La Carolina a la sierra de Andújar. No hay más que asomarse a todas las ganaderías de bravo que discurren por allí, rastrear su historia y encontrar en la trashumancia una respuesta.
 Y en el lado opuesto de la provincia, un caso singular: el de la familia de los Zorros. Siguen, año tras año, atravesando nuestra provincia desde Santiago de la Espada a Baños de la Encina con todo su ganado bravo conformando un espectáculo de extraordinaria belleza que a su paso hace salir a la gente de los pueblos para ver pasar las reses.
Ellos mantienen una faena de campo, simplificando su modo de vida por tal de ser fieles a un espíritu, sacrificado y al mismo tiempo romántico. Pero olvidado totalmente de nuestra Administración que no respeta como debiera los caminos de ida y vuelta cuando se hace la vereda.


Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

Foto: Miguel Valero



domingo, 18 de enero de 2015

Cinco minutos menos

 
Prácticamente no me dí cuenta del pistoletazo,cuando por inercia y obligación arranqué a correr como uno más de los siete mil locos que, apretujados como sardinas, esperábamos impacientes en la salida.
  La semana había sido muy dura por contratiempos familiares que surgieron y a uno lo dejaron  descolocado. Por eso la espera hasta el viernes se hizo larga, y romper a correr a las ocho de la noche era un momento esperado a contrarreloj para descargar muchas sensaciones contenidas.
  El miércoles lo dejaba escrito en mi columna del Viva Jaén: es la noche de San Antón una fecha marcada en el calandario de nuestra ciudad. Mucho tiene que ver en ello esta carrera que, sin duda, se ha convertido en el tiempo en una de las mejores cosas que tenemos en Jaén. En todos los sentidos.
  Sentir que el Gran Eje es tuyo. Volver a pasar por la puerta de los Maristas corriendo más rápido aún que aquellos días en que las sábanas de atrapaban antes de ir a clase. Dejarte las piernas en la empinada Avenida de Madrid, serpentear San iIldefonso subiendo como novedad Portillo de San Jerónimo girando - inevitablemente en mi caso- la vista hacia el Coso de La Alameda que entre obras aguarda la próxima temporada.
  Llegar hasta los Escuderos y romperte a ti mismo, poniendo tu paciencia y resistencia a prueba para luego a partir de la Carrera de Jesús afrontar con optimismo lo que queda. Y es entonces cuando te convences que llega el momento de dejarte llevar y disfrutar plenamente de la carrera justo cuando llegas a la Plaza de Santa María y la obra de Vandelvira resplandece con su luz...
  Los ánimos de Cózar al bajar Bernabé Soriano. El olor a panceta que desprendía la esquina del Venecia justo cuando las primeras gotas de agua comenzaban a surgir al pasar por el barrio donde trabajo, anunciando la que nos iba a caer encima.
  Granizos en Santa Isabel, donde tres veces a punto estuve de irme al suelo: una por resbalar...yendo a parar contra un Citroen. Otra, por una corredora que se frenó justo delante mía y contra la que me estampé. Y la última por meter el pie en un agujero en mitad de la calzada que bien me hubiera costado un esguince y a punto estuvo de mandarme al suelo. Parecía volar.
  Especial, como siempre, correr por mi calle y recordar cuando era un niño de cuatro  años que al paso de la San Antón por su casa se metía en la carrera llevando en el pecho una cuartilla arrancada del archivador del cole, prendida con un imperdible,  y en él un número cualquiera a modo de dorsal.
  La rodilla se resintió al final de lo que ahora es la calle Sefarad -moderneces- y siempre fue García Rebull. Como si me hubieran pegado una pedrada o un mordisco. Sentía que poco a poco, la rodilla me abandonaba, pero me aferré a la leyenda de Padilla que dice que "el sufrimiento forma parte de la gloria" y a pesar de ese inoportuno dolor, los granizos y el cansancio, me tiré de lleno a completar el Gran Eje entero.Y lo conseguí.
  Tercera San Antón que corro. Tercer año seguido, precisamente después de que una becerra me fracturase la pierna izquierda hace cuatro años y a punto estuve de no poder volver a correr más. Aquel año viendo a mi hermano correr, con mi pierna recuperándose, veía difícil que yo pudiera correrla alguna vez. 
  Me equivoqué de lleno. A la vista está que si se quiere, se puede. Y también que quien la corre repite y se engancha para siempre. Así me ha ocurrido a mí.
  Y sorprendentemente -porque no me obsesionaba- veo en la clasificación general que este año he logrado cinco minutos menos en mi resultado de meta respecto al anterior. Aún no me lo puedo creer.
  

martes, 13 de enero de 2015

Lumbres,laudes y zapatillas


Marca a fuego el calendario la noche del 16 de enero en nuestra ciudad. Quizás, más allá de otras fechas sea esta la más auténtica. La noche en que Jaén se muestra tal cual es.
  Muchos elementos se fusionan para hacerla especial. Y diferente. La noche de San Antón marca nuestra identidad, la de los jiennenses que con el frío de enero acuden a calentarse ante una lumbre. Sí, pero también a reencontrarse y convivir en cada uno de los barrios de Jaén desde un extremo a otro en una ciudad que bajo la cruz del Castillo de Santa Catalina, parece arder en llamas, como si fuera el fin de los días. Pero no es así.
 Esas llamas ejemplifican la vida de Jaén y su gente. Una ciudad que sale a la calle a disfrutar de si misma convirtiéndola en una fiesta. Y se vuelve a vestir de chirri y de pastira para bailar en torno a la lumbre los melenchones que la Asociación “Lola Torres” y “Panaceite” hacen que perdure y se mantenga de una generación a otra.
 Porque ese es nuestro verdadero folklore. La música que brota de guitarras, bandurrias y laudes para recordar que Jaén es una tierra donde el olivo y su fruto han forjado la esencia y forma de ser de esta tierra.
 Y junto a la tradición ancestral, y su componente musical, se suma el aliciente deportivo de una carrera popular –única e inigualable- que ha dado fama mundial a Jaén desde que hace más de tres décadas fuera ideada. Una cita deportiva que suma partidarios por legiones, sitúa a Jaén en el mapa del atletismo y que sumada a las lumbres hacen de ella una de las fiestas de interés turístico de Andalucía.
 Tres euros, simplemente, dan la oportunidad de disfrutar de la libertad de las calles de nuestra ciudad compartiendo sensaciones con tantos otros que como tú, correrán por Jaén al ritmo que marquen sus zapatillas. Quien prueba, repite. Bueno, si de un año a otro no se le quitan las ganas de hacer cola en una entidad bancaria abarrotada... para abonar tres euros tras haberse inscrito por internet, con lo fácil que siempre ha sido poder hacerlo en La Salobreja. Moderneces...

 Bailando alrededor de las lumbres, cantando los melenchones de siempre, comiendo panceta entre amigos o corriendo las sufridas cuestas de nuestro Jaén. Disfruten de la mágica noche de San Antón.


Publicado hoy en el Diario Viva Jaén
Foto: lolatorres.org