miércoles, 28 de enero de 2015

Alfonso el escritor

Llevo algún tiempo que no lo veo, pero hasta no hace mucho solíamos coincidir con cierta frecuencia. No sólo era y es el abogado al que por veteranía, uno le rinde el debido respeto a quien en la profesión ha bregado lo suyo durante décadas. También, la admiración a quien fuera de la sede judicial, en la calle, es reconocido como abogado y dentro de la sala, el alma de un escritor cubierto por una toga.
  Alfonso Fernández Malo siempre que me veía detenía mis prisas. Y casi me obligaba a aprovechar unos minutos de mi tiempo conversando con él. Contándole, para él luego darme su opinión, su visión de las cosas. Su planteamiento a modo de consejo, pero nunca pretendiendo imponer lo que hay que hacer o lo que debe ser.
  Sabio por edad. Generoso con los que empezamos. Auténtico por diferente. La profesión hace unos años le reconoció su trayectoria, concediéndole la Medalla al Mérito en la Abogacía. Incluso, se posicionó como posible candidato a decano de la institución colegial.
  Jaén lleva años disfrutando de él y su polifacética personalidad. Fue Presidente de la Peña Flamenca, dejando su impronta en una institución que tiene en la Calle Maestra un verdadero santuario. Como escritor, uno de los personajes claves de la literatura local con una obra, diversa y muy personal. Una literatura sin artificios, cercana y sincera. En un santiamén, sin casi darnos cuenta, podemos devorar sus cuentos escritos con la naturalidad de quien se expresa como siente y así lo refleja.
  Sus diálogos en voz alta y confidencias con sus perros, “Currito” y el “Peluso”, por los caminos que brotan en los campos de la Vía Verde, allí donde Jaén deja de ser ciudad para transformarse en campo, aportando esa tranquilidad que uno busca cuando abre las páginas de un libro.

  Días atrás presentaba su nueva obra, y lo hacía por partida doble. Toca ahora hacerse con ellos para, llegado el momento, desconectar del despacho y ponerse a imaginar y teorizar sobre el mundo en que vivimos. Y de eso Alfonso sabe un rato.

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén
Foto: Viva Jaén /Aurora Guzmán

lunes, 26 de enero de 2015

Torero de Pucela



Sólo le ví dos veces. La primera en el Palacio Vistalegre cuando el festival del Platanito, siendo novillero. La segunda en Las Ventas compartiendo terna con Curro Díaz y "Morenito de Aranda" despachando ,un domingo de Ramos, la peor corrida que he visto en mi vida. Un infumable encierro de "San Miguel" que se convirtió en un auténtico suplicio.
  No tuve la suerte de verle triunfar, ni bordar el toreo, pero siempre creí en él y le guarde Fé. Su forma de hacer el toreo encajaba en mi manera de entender lo que es torear, encontrando en él la personalidad suficiente para suponer que era un torero interesante. Serio, recio, en la línea sobria de los toreros de Castilla, sólo que salpicado con una profundidad en su toreo cercano al arte como concepto.
  Se retira de los ruedos sin tan siquiera haber recibido esa ovación que, emocionadamente, los toreros reciben cuando se desprenden del añadido en las rayas del tercio. Lo hace ahora, justo cuando la temporada principia y después de haber hecho el paseíllo en la Monumental de México. Que no es poca cosa.
  Su marcha del toreo deja al descubierto que, efectivamente, algo terrible está ocurriendo en la Fiesta cuando abandonan toreros con cualidades de sobra mientras las ferias programan carteles que sólo se diferencian de los de hace una década en que, ahora, proliferan los mano a mano faltos de interés para el aficionado, y sobrados de conveniencia para quienes manejan el negocio.
  Y me acuerdo ahora aquella tarde de marzo en Valladolid, cuando paseando por el Campo Grande hacía memoria de los toreros de la tierra, recordaba a Leandro Marcos y pensaba para mis adentros: que pedazo de torero hay aquí en Pucela.
 Foto: infoleandro.com

Una fiesta sin complejos

A toro pasado, visto desde fuera, y también desde lejos. Lo que día atrás se vivió en La Puebla del Río- que yo no viví- me parece fabuloso a la vez que sorprendente.
  Crear de la nada una fiesta taurina llena de argumentos uniéndola a una festividad religiosa local. Adaptar una idea a las circunstancias del calendario, el urbanismo y las posibilidades. Hacerlo viable y que el pueblo decida si lo disfruta, lo ignora o aprueba el experimento y lo convierte en tradición a lo largo de los años.
  Visto lo visto, supongo que será esto último lo que suceda. Sacamos varias lecturas de todo esto: la trascendencia de la fiesta de los toros en un pueblo que ha dado una figura del toreo. La generosidad de éste hacía el pueblo que le vio nacer, su sensibilidad hacia los jóvenes valores del toreo cediendo las reses para facilitar la celebración del festejo y la apuesta sin complejos de un consistorio hacia la fiesta de los toros como signo de identidad de una población a la vez que motor económico y turístico.
  Precisamente la ausencia de complejos también fue clave para el éxito de esta iniciativa. No hubo problema en apostar por celebrar un encierro al modo pamplonés, tomando prestado algún que otro detalle pero imprimiendo siempre el carácter de sus gentes para que así se viviera como algo propio. Tauromaquia por y para el pueblo.
  Días así hacen mucho más por el mundo del toro que tantas acciones y estrategias que se quedan por el camino, anunciadas pomposamente como fomento de la fiesta y la afición cuando, a veces, eso es una excusa para que algún bolsillo se enriquezca a consta del aficionado.

 Corral improvisado para erales y cabestros en pleno casco urbano

 Recorrido del encierro
 Fiesta religiosa


 Un encierro de sevillanas maneras

 Morante: el mecenas de la Puebla

 Precios populares para una fiesta popular

 Portátil, pero abarrotada

 Las oportunidades hay que aprovecharlas y demostrarlas
Éxito artístico y ganadero. Éxito total


Fotos: Marían Guzmán

viernes, 23 de enero de 2015

¿De adorno?


Casi finalizando mis estudios de Derecho me matriculé en una asignatura optativa que llevaba por título "Políticas públicas". Por entonces tuvimos que realizar un trabajo que consistiera en tratar de dar una solución a un problema público desde el punto de vista político, y encontré en el mundo de los toros un caso que podía perfectamente encajar dentro del trabajo en cuestión: la plaza de toros de Ronda.
 ¿Por qué? Muy sencillo. Un municipio que cuenta con un coso que abre sus puertas sólo un fin de semana al año, anunciando tres festejos seguidos cuyas entradas se ponen a la venta a un precio que , muy probablemente, no estarán al alcance de una gran mayoría de la población local. Y a todo ello se una una escuela taurina que por entonces - ignoro si sigue igual- realizaba sus clases prácticas en la plaza de un pueblo vecino.
  Leo en el blog de Agustín Hervás que el festival a beneficio de las Hermanitas de los Pobres del que se venía hablando desde hace tiempo no podrá organizarse finalmente, pese a todo el respaldo con que contaba la organización del mismo por parte de mucha gente implicada. 
  La propiedad, o lo que es lo mismo, los maestrantes, responden negativamente a la viabilidad de un festejo taurino cuyo fin es una causa benéfica.
  Ante lo evidente, cabe preguntarse ¿La plaza de toros para qué la quieren? ¿De adorno?

jueves, 22 de enero de 2015

Trashumantes



Días de camino atravesando sendas quebradas, expuestos a los caprichos de la naturaleza y rehuyendo las comodidades del transporte a motor. Sin temer al frío o la lluvia. Sorteando obstáculos, improvisando la hora del almuerzo a las exigencias del día que se tenga por delante.
 A pie o a caballo. La trashumancia sigue existiendo en nuestro Siglo y pervive gracias a quienes aún se resisten a abandonar una forma de vida tan ancestral y apegada a la tierra.
 Días atrás Canal Sur emitía un reportaje en su programa 75 Minutos que rescataba, no del olvido pero si del ostracismo de la sociedad, esta realidad. Precisamente ese reportaje me reconciliaba en parte con la televisión autonómica que siempre parece tener a Jaén en segundo, tercer o cuarto plano.
 Acentos cotidianos y parajes que frecuento, de la mano de una periodista jienense, Beatriz Díaz, que aferrada a esa verdad televisiva de “no es lo mismo contarlo que vivirlo”, recorrió las veredas y se hizo trashumante.
 Tiene Jaén un vínculo que le une a las provincias de Cuenca, Guadalajara y Teruel gracias a la trashumancia. Fueron muchos los ganaderos que vinieron de sus sierras a nuestra tierra buscando parajes más cálidos para el bienestar de sus reses. Muchos se quedaron para siempre y acabaron haciéndose jienenses al formar sus familias aquí.
 La huella de estos ganaderos trashumantes se extiende por toda nuestra Sierra Morena, desde La Carolina a la sierra de Andújar. No hay más que asomarse a todas las ganaderías de bravo que discurren por allí, rastrear su historia y encontrar en la trashumancia una respuesta.
 Y en el lado opuesto de la provincia, un caso singular: el de la familia de los Zorros. Siguen, año tras año, atravesando nuestra provincia desde Santiago de la Espada a Baños de la Encina con todo su ganado bravo conformando un espectáculo de extraordinaria belleza que a su paso hace salir a la gente de los pueblos para ver pasar las reses.
Ellos mantienen una faena de campo, simplificando su modo de vida por tal de ser fieles a un espíritu, sacrificado y al mismo tiempo romántico. Pero olvidado totalmente de nuestra Administración que no respeta como debiera los caminos de ida y vuelta cuando se hace la vereda.


Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

Foto: Miguel Valero



domingo, 18 de enero de 2015

Cinco minutos menos

 
Prácticamente no me dí cuenta del pistoletazo,cuando por inercia y obligación arranqué a correr como uno más de los siete mil locos que, apretujados como sardinas, esperábamos impacientes en la salida.
  La semana había sido muy dura por contratiempos familiares que surgieron y a uno lo dejaron  descolocado. Por eso la espera hasta el viernes se hizo larga, y romper a correr a las ocho de la noche era un momento esperado a contrarreloj para descargar muchas sensaciones contenidas.
  El miércoles lo dejaba escrito en mi columna del Viva Jaén: es la noche de San Antón una fecha marcada en el calandario de nuestra ciudad. Mucho tiene que ver en ello esta carrera que, sin duda, se ha convertido en el tiempo en una de las mejores cosas que tenemos en Jaén. En todos los sentidos.
  Sentir que el Gran Eje es tuyo. Volver a pasar por la puerta de los Maristas corriendo más rápido aún que aquellos días en que las sábanas de atrapaban antes de ir a clase. Dejarte las piernas en la empinada Avenida de Madrid, serpentear San iIldefonso subiendo como novedad Portillo de San Jerónimo girando - inevitablemente en mi caso- la vista hacia el Coso de La Alameda que entre obras aguarda la próxima temporada.
  Llegar hasta los Escuderos y romperte a ti mismo, poniendo tu paciencia y resistencia a prueba para luego a partir de la Carrera de Jesús afrontar con optimismo lo que queda. Y es entonces cuando te convences que llega el momento de dejarte llevar y disfrutar plenamente de la carrera justo cuando llegas a la Plaza de Santa María y la obra de Vandelvira resplandece con su luz...
  Los ánimos de Cózar al bajar Bernabé Soriano. El olor a panceta que desprendía la esquina del Venecia justo cuando las primeras gotas de agua comenzaban a surgir al pasar por el barrio donde trabajo, anunciando la que nos iba a caer encima.
  Granizos en Santa Isabel, donde tres veces a punto estuve de irme al suelo: una por resbalar...yendo a parar contra un Citroen. Otra, por una corredora que se frenó justo delante mía y contra la que me estampé. Y la última por meter el pie en un agujero en mitad de la calzada que bien me hubiera costado un esguince y a punto estuvo de mandarme al suelo. Parecía volar.
  Especial, como siempre, correr por mi calle y recordar cuando era un niño de cuatro  años que al paso de la San Antón por su casa se metía en la carrera llevando en el pecho una cuartilla arrancada del archivador del cole, prendida con un imperdible,  y en él un número cualquiera a modo de dorsal.
  La rodilla se resintió al final de lo que ahora es la calle Sefarad -moderneces- y siempre fue García Rebull. Como si me hubieran pegado una pedrada o un mordisco. Sentía que poco a poco, la rodilla me abandonaba, pero me aferré a la leyenda de Padilla que dice que "el sufrimiento forma parte de la gloria" y a pesar de ese inoportuno dolor, los granizos y el cansancio, me tiré de lleno a completar el Gran Eje entero.Y lo conseguí.
  Tercera San Antón que corro. Tercer año seguido, precisamente después de que una becerra me fracturase la pierna izquierda hace cuatro años y a punto estuve de no poder volver a correr más. Aquel año viendo a mi hermano correr, con mi pierna recuperándose, veía difícil que yo pudiera correrla alguna vez. 
  Me equivoqué de lleno. A la vista está que si se quiere, se puede. Y también que quien la corre repite y se engancha para siempre. Así me ha ocurrido a mí.
  Y sorprendentemente -porque no me obsesionaba- veo en la clasificación general que este año he logrado cinco minutos menos en mi resultado de meta respecto al anterior. Aún no me lo puedo creer.
  

martes, 13 de enero de 2015

Lumbres,laudes y zapatillas


Marca a fuego el calendario la noche del 16 de enero en nuestra ciudad. Quizás, más allá de otras fechas sea esta la más auténtica. La noche en que Jaén se muestra tal cual es.
  Muchos elementos se fusionan para hacerla especial. Y diferente. La noche de San Antón marca nuestra identidad, la de los jiennenses que con el frío de enero acuden a calentarse ante una lumbre. Sí, pero también a reencontrarse y convivir en cada uno de los barrios de Jaén desde un extremo a otro en una ciudad que bajo la cruz del Castillo de Santa Catalina, parece arder en llamas, como si fuera el fin de los días. Pero no es así.
 Esas llamas ejemplifican la vida de Jaén y su gente. Una ciudad que sale a la calle a disfrutar de si misma convirtiéndola en una fiesta. Y se vuelve a vestir de chirri y de pastira para bailar en torno a la lumbre los melenchones que la Asociación “Lola Torres” y “Panaceite” hacen que perdure y se mantenga de una generación a otra.
 Porque ese es nuestro verdadero folklore. La música que brota de guitarras, bandurrias y laudes para recordar que Jaén es una tierra donde el olivo y su fruto han forjado la esencia y forma de ser de esta tierra.
 Y junto a la tradición ancestral, y su componente musical, se suma el aliciente deportivo de una carrera popular –única e inigualable- que ha dado fama mundial a Jaén desde que hace más de tres décadas fuera ideada. Una cita deportiva que suma partidarios por legiones, sitúa a Jaén en el mapa del atletismo y que sumada a las lumbres hacen de ella una de las fiestas de interés turístico de Andalucía.
 Tres euros, simplemente, dan la oportunidad de disfrutar de la libertad de las calles de nuestra ciudad compartiendo sensaciones con tantos otros que como tú, correrán por Jaén al ritmo que marquen sus zapatillas. Quien prueba, repite. Bueno, si de un año a otro no se le quitan las ganas de hacer cola en una entidad bancaria abarrotada... para abonar tres euros tras haberse inscrito por internet, con lo fácil que siempre ha sido poder hacerlo en La Salobreja. Moderneces...

 Bailando alrededor de las lumbres, cantando los melenchones de siempre, comiendo panceta entre amigos o corriendo las sufridas cuestas de nuestro Jaén. Disfruten de la mágica noche de San Antón.


Publicado hoy en el Diario Viva Jaén
Foto: lolatorres.org